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Análisis de la #EncuestaInsultarte por Nilo Casares

En Diciembre de 2014 lanzamos la Encuenta Insultarte para abordar algunos aspectos de la realidad del sector cultural y creativo, a partir de una recogida de datos.

Las preguntas que lanzamos en la encuesta abordaban aspectos en los que desde Insultarte solemos hacer hincapié: situación laboral y fiscal del artista o trabajador cultural, ingresos, gestión de derechos, entidades de gestión, etc.
Puedes consultar aquí los resultados de la encuesta.

Nos interesa conocer diferentes visiones e interpretaciones de los resultados de la encuesta, por eso hemos pedido a distintas personas vinculadas al arte o a la cultura, que elaboren un informe a partir de los resultados obtenidos.

El primero en ofrecernos su informe es Nilo Casares. Comisario y crítico de arte.

Informe para Insultarte sobre #EncuestaInsultarte


Uno se mete en el mundillo del arte (ahora lo llaman sector pero, dada mi veta neomedial, casi preferiría 'cuota de disco duro'): por amor a él, por amor al comercio o por la pasta. Por amor al arte significa por la cara, y si en otros idiomas se refieren a esta cuestión como gratis et amore, en lugar de Dei, en español, añadimos un 'al arte' que nos da muchísimas pistas sobre el valor que otorgamos a eso: gratuidad, y muchas otras cosas; cuales son descargas de contenidos mirando de soslayo, la cultura tiene que ser gratuita, y un sinfín más que entorpecen la manera de entender el mundo del arte (y no quiero entrar a discutir si arte y cultura son lo mismo porque, para mí, no tienen nada que ver; y, si bien la cultura tiene que ser gratuita porque es la que adocena a las gentes, el arte es el lujo con el que escapamos a la doma, y todo lujo exige un pago que, si no llega, ni es lujo ni escape a las normas).
En fin, voy a lo que se me ha pedido, un informe sobre una encuesta impulsada por Insultarte a finales de dos mil catorce. No sé para qué, si saben que soy tan parcial como poco objetivo, aunque me sujetaré a sus datos.

Llama mi atención que el ochenta y ocho por ciento de los encuestados tenga estudios universitarios, es decir, no podemos dudar de que hayan respondido bien a la encuesta, dado su nivel de estudios, que de ordinario son calificados como superiores; y solo un escaso doce por ciento no los alcanza; pero me falta, y para mí sería muy necesario, saber cuántos del mundillo son autodidactas, una manera de estar en el mundo que siempre me resultó de interés, porque es como plantarte en un sitio porque sí, y en el mundo del arte, e incluso en el de la cultura, eso tiene valor. Así que tendremos que conformarnos con saber que casi toda la gente del mundillo tiene estudios superiores; están muy preparados, o sea.

Aunque, cuando ves cómo se consideran y lees que un quince por ciento se califica como creadores, pones en duda su alto nivel de estudios, ya que crear, que yo sepa, no se puede; en cambio, un veintidós por ciento se considera artista; otro dieciséis por ciento, gestor; un trece por ciento, investiga; un cinco por ciento, comisaría, cual mi caso; y bajan los porcentajes con los escuetos cuatro por ciento que ostentan autores y productores, o el tres por ciento que aparece como agente (¿será una rémora de Las Agencias fraguadas durante la Barcelona del MACBA de la égida pasada?), en la misma medida que quienes no se presentan de ninguna manera (interesante, deben ser los autodidactas que no encontré antes), un dos por ciento son artesanos y un único alienígena se califica como 'crafty', pido ayuda para comprenderlo.




Cuando indagamos sobre sus actividades, y para no ser muy prolijos, vemos que el treinta y ocho por ciento ejerce las artes plásticas, casi en la misma medida que la gestión cultural, el treinta y siete por ciento de los encuestados (dato que resulta indicativo y lleva a pensar que muchos de los artistas andan metidos en la gestión cultural, lo cual podremos corroborar por otros datos de la encuesta, que dejo atar al lector), un veintiséis por ciento deja sus energías en la enseñanza o la formación, en porcentaje parecido al invertido en el ámbito audiovisual (hoy en día estar metido en las artes plásticas y no tener algún desliz audiovisual me parece casi imposible, así que muchos de estos últimos podríamos llevarlos al primero de los perfiles destacados), un veintiún por ciento se dedica a la reflexión, la crítica o la teoría (lo que vendría a equivaler a los que, en el apartado anterior, se dedicaban al comisariado, un cinco por ciento, la investigación, el trece, de manera que, con este cruce de datos, sabemos que esta investigación no trata de encontrar al criminal de la bahía, perseguido por Philip Marlowe; ¡qué pena!, con tantos del audiovisual metidos aquí); también destacan los inmersos en la producción cultural, algo que no acabo de saber muy bien qué significa, a pesar de ello se dedica el muy notable veinte por ciento, de modo que una de cada cinco personas que andan por aquí, yo no sé qué hacen, pero si nos atenemos a que el diecisiete por ciento califica su actividad como social, todavía es peor, porque ignoro en qué se empeña el treinta y siete por ciento de la gente del mundillo; y por eso respiro cuando leo que casi el mismo porcentaje, el dieciséis, se afana en la música, porque al fin entiendo de qué me hablan, como cuando el trece por ciento afirma darle a internet, el doce al diseño, el diez a la literatura y el nueve por ciento a las artes escénicas, contra un tres por ciento que se escapa al situar sus labores bajo el rubro 'otros' (al que siempre me apunto cuando me pillan en una encerrona, llamémosla encuesta).



Cuando se les pregunta si utilizan alguna licencia para sus producciones casi empatan el sí, el cincuenta y cinco por ciento, y el no. Pero al indagar sobre qué tipo de licencias emplean, gana Lawrence Lessig (el de las Creative Commons, 2004, el último grito, vaya), con un setenta y dos por ciento, a los seguidores de Richard Stallman (el del Copyleft, 1983), con un diecisiete por ciento; los demás, el treinta y tres por ciento, son firmes partidarios del Statute of Anne (1710), es decir, del Copyright. Pero que nadie se confunda, ser o no partidario de una u otras nada tiene que ver con las posturas políticas, porque afines a una misma licencia pueden estar en posiciones políticas extremas y contrarias entre sí, ya que la protección de los derechos de autor tiene más que ver con cómo uno se sitúa en el ámbito de la producción artística que con una respuesta política ante la realidad. La literatura al respecto es abundante y no voy a privilegiar a ningún analista sobre estos asuntos, pero invito al lector a profundizar y evitar la frivolidad que se adopta al presentar como ultraizquierdistas posiciones que están a la altura de los Chicago Boys, tan enemigos de la regulación estatal como de la mercantil.


Al buscar el origen de los ingresos, un setenta y cuatro por ciento afirma que le llegan de España, un catorce por ciento que no todos ellos vienen de ese país, y el doce por ciento dice no recibir ingresos de España (¿algún crafty entre ellos y así me ubico?).


El cincuenta y ocho por ciento no está dado de alta en el IAE, mientras el resto, sí. A continuación sabemos, y eso es más delicado, que el sesenta y seis por ciento no es autónomo, es decir no está registrado en la Seguridad Social como autónomo, cuando el treinta y cuatro por ciento, sí; sin embargo, el setenta y cinco por ciento realiza la declaración del IRPF, frente a un veinticinco por ciento que no. Me siento poco Marlowe para atar cabos entre los que no están dados de alta en la Seguridad Social y los que pasan de hacer la declaración de la Renta, para averiguar el porcentaje de economía be en que se mueven, pero seguro no es banal.


Se pregunta si contratan a un gestor (está claro que no se refieren a un gestor cultural, sino administrativo) y el sesenta y nueve por ciento responde que no, y yo añadiría, ¿para qué lo quieren si ni facturan, como más adelante se verá, o lo hacen en be?, aunque el treinta y uno por ciento sí necesita de sus servicios, casi en idéntico porcentaje al de autónomos (un treinta y cuatro por ciento, de donde se extrae que un tres por ciento de los autónomos sabe gestionarse sus rollos, algo nada inesperado ya que ser autónomo debería consistir en eso), pero en un porcentaje superior al que hace la declaración de la Renta (que es el veinticinco por ciento), y esto sí sorprende.



Se inquiere sobre si están asociados a alguna entidad de gestión de derechos de autor, pero se debe recordar que en España estas o bien no gestionan licencias disconformes con el Statute of Anne o lo hacen a rastras y poniendo mil problemas; así no causa sorpresa que el ochenta y ocho por ciento no pertenezca a ninguna de ellas (recuérdese que el ochenta y nueve por ciento seguían a Stallman o Lessig, así que el uno por ciento consigue licenciar bajo alguna de estas), un cuatro por ciento anda en tratos con SGAE, el dos con VEGAP (algo más flexible en esas cosas, tal vez aquí recale ese uno por ciento al que no encuentro sitio), el uno en DAMA y el cinco por ciento se va con 'otras', algo que me vuelve a resultar excitante.

Cuando buscas saber de dónde proceden sus ingresos, en un cincuenta y tres por ciento llegan íntegramente de su actividad cultural y en el cuarenta y siete por ciento solo en parte. Y al averiguar de qué manera trabajan, descubrimos, y este dato es clave, que un treinta y siete por ciento lo hace por cuenta propia (similar al porcentaje de autónomos, treinta y cuatro por ciento, y muy parecido al de quienes recurren a los servicios de gestión administrativa externa, treinta y uno por ciento; lo cual lleva a pensar que uno se puede fiar de esta encuesta); un treinta y cuatro por ciento trabaja para sí y para otros; y solo un veintinueve por ciento trabaja por cuenta ajena.


La respuesta más aclaradora es la que nos indica que el cincuenta y dos por ciento no tiene ingresos regulares por su actividad (lo cual no significa, en principio, precariedad), cuando el cuarenta y ocho por ciento sí los consigue. Ayuda a comprender mejor este dato el saber que el sesenta y cinco por ciento obtiene ingresos mensuales inferiores al salario mínimo interprofesional, y esto sí que permite saber si los ingresos son precarios, como así es; precariedad a la que escapa el treinta y cinco por ciento de los que se decidan a estas cosas, ya que sus ingresos mensuales superan el salario mínimo interprofesional. Si ese dato lo cruzamos con que el ochenta y ocho por ciento del universo investigado tiene estudios superiores, obtenemos que los estudios superiores en España no te garantizan superar el salario mínimo interprofesional. Con mayor detalle averiguamos que ese mismo sesenta y cinco por ciento no alcanza los ocho mil euros al año por el desempeño de su actividad cultural, un quince por ciento se mueve entre esa cantidad y los doce mil, el doce por ciento pasa a ingresar entre doce y veinticuatro mil euros, y un ocho por ciento ingresa por encima de los veinticuatro mil euros.


Hay una pregunta que era innecesaria, pero Insultarte quiso dejarla manifiesta y, así, sabemos que al sesenta y tres por  ciento se le ofreció cobrar en be, aunque a un treinta y siete por ciento, no; pero pensemos que, entre los encuestados, un veintinueve por ciento trabaja por cuenta ajena, así que, en el mejor de los casos, un exiguo ocho por ciento de los que solo trabajan por cuenta propia desconoce el concepto be.


Se intenta saber si los investigados venden por internet, pregunta que desata mi risa, como si fuesen Amazon, o así, cuando nos enfrentamos a economías precarias, de manera que no sorprende que el setenta y cuatro por ciento diga que no, y sí lo hagan un portentoso veintiséis por ciento, pero quisiera saber cuáles son sus ingresos por este canal, no especificados en la investigación.


El colofón pregunta el grado de satisfacción con la situación laboral de los implicados en las cosas de la cultura, y se extrae que el ochenta y cinco por ciento no está satisfecho (casi el mismo porcentaje que el formado por los que tienen unos ingresos inferiores a los doce mil euros anuales), frente al quince por ciento que sí lo está, inferior a los que ingresan más de esos doce mil euros anuales, el veinte por ciento de los investigados; esto permite afirmar que la satisfacción en esta actividad laboral exige ingresos superiores a los doce mil euros anuales. Si no olvidamos que el ochenta y ocho por ciento de los entrevistados tiene estudios superiores, se concluye que la titulación superior en España, para sentirse bien remunerada, debe contar con ingresos por encima de los doce mil euros anuales; es decir, superar la barrera mileurista, que alguien acuñó, parece que con mucha razón.


Vuelvo al principio; en este mundillo la gente está gratis et amore al arte, por amor al comercio, personas que desde el emprendizaje tratan de poder vivir sin dificultades de su propia iniciativa y se conforman con ser trabajadores autónomos, y los que están en esto por la pasta, o dicho de otra manera, son asalariados y funcionan con mayor o menor soltura. Sin embargo, todo es mucho más complejo y el nivel de sobrevivencia se complica al sufrir unos ingresos que solo cabe calificar de precarios.


Y cuando uno se pregunta por qué la gente persiste en verse insatisfecho en un ochenta y cinco por ciento de los casos en el desarrollo de su actividad, se podría afirmar que por el ansia de verse recompensado en la medida en que el quince por ciento lo está, sobre todo en la desmesura en que el mundo del arte (y menos el de la cultura, que para mí es un ámbito de simples afectos al Régimen, sea este el que fuere) vende lo que se llama la curva del éxito o, dicho de otro modo, pegar el pelotazo y pasar a un nivel superior de ingresos de un día para otro; como así nos hacen ver los media cuando solo hablan de arte para destacar las cotizaciones elevadas conseguidas en subastas y ferias, o refiriéndose a escándalos censorios (ambos tipos de noticia, siempre de impacto, nunca de normalidad); fuera de eso es raro que el arte ocupe los media, no así la cultura, que los hiperpuebla para amanansarnos mejor; y por eso resiste el ochenta y cinco por ciento insatisfecho, aunque domado, a ver si sale de esta y despega para siempre.